Consiste en el aumento del tono muscular de manera persistente e involuntaria.
En algunos casos se debe a un exceso de trabajo del músculo o sobreesfuerzo.
Las contracturas musculares suelen cursar con los siguientes síntomas: acortamiento del músculo, rigidez, dolor a la presión e inflamación de la zona afectada.
Una contractura muscular puede causar dolor de espalda por varios mecanismos, o bien porque el músculo activa a los nervios que están a su alrededor, o porque al contraerse el músculo comprime la arteria más cercana y disminuye así el riego sanguíneo a la zona.
Si la situación de estrés o ansiedad se mantiene un período prolongado o se repite con frecuencia, el músculo se contractura cada vez con mayor facilidad.
En esa situación, hacer ejercicio físico adecuado es fundamental para evitar las contracturas.
Es frecuente la automedicación para tratar la contractura muscular, aunque es recomendable consultar al farmacéutico o al médico de cabecera en caso de dolores intensos e invalidantes.
Si no se tratan correctamente las contracturas se pueden cronificar, siendo más difícil de obtener una recuperación completa y permanente. Como en otras lesiones que cursan con inflamación, la aplicación de calor puede ser beneficiosa para disminuir el dolor de tortícolis.