La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano con una superficie de hasta 2 m2 y con un peso que puede llegar a constituir el 30% del total del peso de un adulto.
Entre las múltiples funciones de la piel como órgano hay que destacar la función de barrera entre el medio externo y el interior del organismo impidiendo la entrada de agentes extraños en el organismo y evitando la pérdida excesiva de agua.
Se diferencian tres zonas de tejido: la epidermis, la dermis y la hipodermis.
La epidermis es la capa más externa de la piel y está formada por diferentes estratos: basal, espinoso, granuloso y córneo. En el estrato basal, el más profundo, se localizan las células madre queratinocíticas, cuya división y proliferación da lugar a todas las células de la epidermis. Estas células progresan a través del estrato espinoso y el granuloso sufriendo un proceso de diferenciación, llamado diferenciación epidérmica, hasta alcanzar el estrato córneo, el más superficial, donde estos queratinocitos se transformarán en células más aplanadas y sin núcleo, llamadas corneocitos, que sustituirán a las células muertas que hayan cumplido su ciclo vital. Los corneocitos son esenciales en la función de barrera de la piel.
La dermis es más gruesa y constituye un nivel más profundo. En ella se encuentran las terminaciones nerviosas, los vasos sanguíneos, las glándulas sebáceas y las glándulas sudoríparas.
La tercera capa de la piel y más interna es la hipodermis.
Está compuesta principalmente de grasa que contribuye a que el cuerpo se mantenga caliente, absorba los golpes y a que la piel se una a los tejidos internos. La hipodermis incluye pequeños conductos llamados folículos, donde comienza a formarse el pelo, y que están conectados a pequeñas glándulas sebáceas que liberan sebo al cabello y le confieren una ligera capa de grasa que lo impermeabiliza y le proporciona brillo.
Piel seca
La sequedad de la piel es un trastorno que se debe a múltiples causas que favorecen la pérdida de agua de las diferentes estructuras de la piel y cuyas manifestaciones varían en grado e intensidad según se presenten en procesos patológicos o sean el resultado de agresores externos como la radiación solar, variaciones de humedad ambiental, altura sobre el nivel del mar, bajas temperaturas, etc.
La piel seca o xerótica es un tipo de piel que por alguna razón ha perdido su capacidad de retener suficiente cantidad de agua, por lo que presenta un aspecto seco y deshidratado, y se observa áspera, rugosa al tacto, sin luminosidad, se descama de forma irregular y pierde su característica principal: la elasticidad. En el caso especial de la piel seca atópica, además puede aparecer inflamación y enrojecimiento.
Piel sensible
La piel sensible es aquella que tiene un umbral de reactividad inferior al de una piel normal, es decir que reacciona frente a estímulos a los que una piel normal no reacciona.
Casi la mitad de la población mundial declara tener la piel delicada o sensible. Este tipo de piel es especialmente susceptible al estrés, los cambios hormonales, la contaminación, el clima, el envejecimiento, la dieta y el estilo de vida, que desgastan la epidermis haciéndola más fina y frágil. Así, las sustancias externas agresivas pueden penetrar en la piel más fácilmente deshidratándola y restándole flexibilidad.
La piel sensible se irrita y enrojece fácilmente ante cualquier agente que perciba como una agresión externa: jabones, clima e incluso tejidos sintéticos, que pueden provocar picor, eczemas, etc.