La migraña se caracteriza por ataques o crisis repetidas de dolor de cabeza, muy variables en intensidad, frecuencia y duración, que suele afectar sólo a un lado de la cabeza. Generalmente se acompaña de pérdida de apetito, náuseas y/o vómitos, e hipersensibilidad a la luz y el sonido.
Es mucho más frecuente entre las mujeres que entre los hombres (15-20% de las mujeres frente al 5% de los varones).
En España hay más de cuatro millones de pacientes migrañosos, de ellos más de tres millones son mujeres en edad fértil.
El componente familiar aparece en al menos el 60% de los casos. Más del 80% de los pacientes con migraña sufren algún grado de discapacidad en relación con la migraña.
Existen distintos tipos de migrañas siendo las más frecuentes: la migraña sin aura, la migraña con aura y la migraña crónica.
La migraña sin aura es un trastorno recurrente que se manifiesta en forma de crisis con una duración de 4 a 72 horas. Las características típicas son el dolor pulsátil (rítmico con las pulsaciones) que se localiza sólo en un lado de la cabeza (unilateral), de intensidad moderada o grave y empeora con la actividad física rutinaria. Los síntomas asociados son náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia. En un 70% de los casos la cefalea es unilateral, pero en los niños la localización del dolor es más frecuentemente bilateral.
El inicio de la migraña sin aura suele producirse antes de los 30 años, pudiendo aparecer ya en la infancia, pero lo más habitual es que se inicie en la segunda o tercera décadas de la vida.
La migraña con aura añade a los síntomas descritos en la migraña sin aura otros relacionados con alteraciones previas a la crisis, las más frecuentes visuales. Así, la migraña con aura se inicia con síntomas de advertencia que pueden presentarse en un período que va desde unos pocos minutos hasta 24 horas antes del inicio del dolor de cabeza. Las alteraciones visuales son comunes en uno o ambos ojos e incluyen manchas, puntos o líneas en zig-zag.
El tratamiento se basa en: la identificación y, si es posible, supresión o modificación de los factores desencadenantes; la prescripción de un tratamiento sintomático adecuado para disminuir la intensidad y acortar la duración de los ataques; la prevención para que no se repitan las crisis según la frecuencia, intensidad e incapacidad que produzcan.
Migraña sin Aura
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Migraña con Aura
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